Arrozúa: Historia de Isla Mayor

El atardecer sobre las marismas es una de las pequeñas maravillas que los isleños tenemos la suerte de disfrutar. El sol cayendo y regalando reflejos cobrizos y anaranjados sobre la superficie de los arrozales y de las decenas de franjas de agua que se retuercen alrededor de los islotes que se forman. El cielo ensombrecido por el vuelo de bandadas de aves. El aroma a tierra mojada y a verde que lo impregna todo.

Isla Mayor, la localidad sevillana donde se emplaza Arrozúa, está situada en un entorno maravilloso. La magia de las marismas y el encanto del Parque Natural de Doñana, una de las joyas naturales de España, construyen una atmósfera única.

 

EL LAGO LIGUR

Pero las tierras fértiles que ahora cosechamos y nos brindan un arroz de tanta calidad no siempre fueron así. Hace 6.000 años, en las ahora marismas, estaba situado el Lago Ligur, que se extendía hasta casi la actual Brenes al norte, al oeste tenía la orilla del Aljarafe, al este la de Los Alcores y por el sur desembocaba en el Golfo Tartésico, lo que hoy día es el terreno entre Sanlúcar de Barrameda y Matalascañas. La ciudad de Sevilla no era más que fango bajo el agua.

 

Unos 3.500 años después, hacia el 2.500 antes de Cristo, el río Guadalquivir había empezado a arrastrar suficientes sedimentos como para formar un tope en la desembocadura, que con el paso del tiempo empezó a formar las marismas que ahora conocemos. A partir del 1.000 A.C., las aguas descendían y ya nacían algunos islotes entre los que destaca el de Ispal, situado donde la Plaza de la Alfalfa en nuestros días y base de los primeros colonos de la futura ciudad de Sevilla.

Esas islas fueron apareciendo y creciendo por todo el territorio. Las marismas, que ya existían por aquel tiempo, siguieron desarrollándose hasta el resultado que hoy son parte de nuestro paisaje.

 

UNA TIERRA DE PROMESAS

Así, las tierras que ahora conforman el área de Isla Mayor y sus alrededores (Isla Menor e Isla Mínima), fueron intermitentemente pobladas y siempre tuvieron la promesa de crecimiento y prosperidad que no llegaría de forma definitiva hasta el siglo XX.

Durante siglos la zona estuvo a medio camino de la nada, ignorada. Sobrevivió con una ganadería y agricultura residual, sufriendo especialmente con las crecidas, las inundaciones y la malaria.

 

Alfonso X concedió primero en 1.253 Isla Mayor al Concejo de Sevilla y más tarde, en 1.272, a la antigua La Guardia (Puebla del Río). En tiempos de los Reyes Católicos, primero se arrendaron las tierras para sufragar los altos costes de la Conquista de Granada y después se cedió su explotación a los pueblos de los alrededores. Aquí empiezan a llegar los primeros colonos que vivieron dispersos en cabañas.

 

A mediados del siglo XIX, Felipe Riera, Marqués de Riera, compró gran parte de los terrenos prometiendo drenarlos e impulsar allí una comunidad agrícola modelo. La realidad se impuso cuando el Marqués, que pasaba su vida entre Madrid y París, decidió no iniciar ningún proyecto y limitarse a subir impuestos sobre el ganado que pastara en sus tierras.

 

Habría que esperar hasta 1.926 para que la Sociedad de las Islas del Guadalquivir, una empresa de capital británico y suizo, comprara las tierras a la Casa de Riera e iniciara la transformación agrícola, atrayendo cada vez a más personas y formando así los primeros núcleos de población.

Aquellas primeras parcelas arroceras supusieron la creación del poblado de Alfonso XIII (quien había apoyado el proyecto), que reunía viviendas para acoger a los agricultores que llegaban buscando trabajo. Por desgracia, el proyecto no llegó a buen puerto por culpa de las inundaciones de aquellos años y a que los gastos se dispararon, provocando que los británicos y suizos se retiraran y volvieran a dejar el proyecto agrícola de la ahora Isla Mayor en nada.

 

La llegada de la II República supuso el cambio de nombre, de poblado de Alfonso XIII a Villa de Guadiamar. El estallido de la Guerra Civil dejó la zona como uno de los únicos puntos controlados por el bando nacional donde cultivar arroz. Por este motivo y por orden de Queipo de Llano, Rafael Beca Mateos impulsa el cultivo de arroz. El proyecto crece con el final de la guerra y la zona recibe una creciente inmigración que busca trabajo y que se asienta en el poblado de Alfonso XIII.

Además, para cubrir las necesidades de los trabajadores se construye un economato y una cantina cerca de la zona de recogida de arroz, formando con el tiempo un núcleo de población que se conoció como El Puntal y que luego fue renombrado como Villafranco del Guadalquivir, que quedaba a unos kilómetros del poblado de Alfonso XIII. En esa misma zona, en 1956, se ordena construir una fábrica de papel que atraería a más trabajadores y que permitiría a Villafranco crecer en tamaño.

 

DÉCADAS DE PROSPERIDAD: ARROZ Y CANGREJO

Durante las siguientes décadas la zona prospera y crece en tamaño. Además del arroz, en los 70 el Archiduque Andrés Salvador de Habsburgo-Lorena libera 500 kilos de cangrejo rojo procedente de Estados Unidos en las marismas. Al año siguiente los pescadores locales los reparten por toda la zona, recogiendo en 1.977 9 toneladas y en 1.978 24 toneladas del crustáceo y convirtiéndose desde entonces en el gran protagonista de la zona junto al arroz.

 

Habría que esperar hasta 1.994 para que Villafranco del Guadalquivir se independizara de Puebla del Río y 6 años más, en el año 2.000, para que cambiara el nombre por el actual Isla Mayor.

En la actualidad el municipio de Isla Mayor, en el cual se emplaza Arrozúa y se cultiva Doña Ana, está compuesto por las poblaciones de Isla Mayor y Poblado de Alfonso XIII y por los poblados de Isla Mínima, Escobar y San Lorenzo, con una población total aproximada de 6.000 personas.